La palabra "reconciliación" todavía figura prominentemente tanto en la literatura como en la práctica de la justicia transicional. A pesar de que es necesaria como condición crear conciencia sobre el significado exacto, sus actividades con repercusiones, o sus alcances, el ICTJ trabaja para elaborar una definición de reconciliación y para entender las dimensiones que puede alcanzar en la práctica.
En la mira del ICTJ
- Reconciliación es algo que ocurre continuamente en la esfera cívica o política, a nivel de los individuos.
- La reconciliación legítima tiene que ser distinguida desde sus esfuerzos para ser usada como un sustituto de la justicia.
- Esto no puede significar inequidades en la distribución de los problemas que la reconciliación causa inevitablemente. Tampoco puede envolver responsabilidades de transferencia de los perpetradores a las víctimas.
- Los esfuerzos de reconciliación no deberían estar enfocados impropiamente en hacer borrón y cuenta nueva. Esto no es razonable en el momento de buscar un cierre descalificado o una comprensión ideal de la armonía social.
- La reconciliación no puede ser reducida a un estado de mente, ni tampoco puede esperar atributos extraordinarios en la parte de aquellos que son reconciliados.
- La reconciliación tiene que ser articulada en términos de no depender completamente de un ente particular de creencias religiosas.
Para el ICTJ, el mejor modelo cívico de reconciliación incorpora este criterio.
Confianza ciudadana modelo de reconciliación
La confianza implica, más allá de confiar en una persona o de abstenerse a hacer ciertas cosas, la expectativa de un compromiso con las normas y los valores compartidos. El sentimiento de confianza del que aquí se habla no se refiere en su profundo sentido a las relaciones entre los íntimos, sino más bien a la confianza "cívica" que se puede desarrollar entre los ciudadanos o miembros de la misma comunidad política, que sean extraños entre sí.
La confianza ciudadana incluye ‘horizontales' entre los ciudadanos y también ‘verticales' entre los ciudadanos y sus instituciones. ¿Cómo se entendería esta última cuando tal tipo de confianza está más ligada a darse entre personas? Confiar en una institución hace referencia a sus normas constitutivas, sus valores y sus normas los cuales son compartidos por sus participantes y sus vinculantes.
En esta visión, la reconciliación es la condición en virtud de la cual los ciudadanos pueden confiar entre ellos mismos. Eso significa que están lo suficientemente comprometidos con las normas y los valores que motivan sus instituciones de leyes; seguros de que los que operan en éstas lo hacen también sobre esta base y cumplen las normas y los valores básicos.
¿Cuáles son las ventajas de pensar en una reconciliación de esta manera?
Este punto de vista trata a la reconciliación como algo más que un estado de ánimo. Nos obliga a examinar las condiciones de fiabilidad y, por tanto, de reconciliación. ¿Qué se debe hacer para que las instituciones sean dignas de confianza con el fin de aumentar la posibilidad de que los ciudadanos confíen en ellas a pesar de la violencia?
Es razonable pensar que la confianza aumentaría visiblemente a través de la aplicación efectiva de la justicia transicional que inicia como responsabilidad penal, búsqueda de verdad, reparaciones, y reforma institucional. Tales iniciativas pueden contribuir a la confianza ciudadana, ya que la confianza en las instituciones depende de su capacidad para demostrar no sólo que se basan en normas legítimas, sino también en su capacidad de hacer efectivas estas normas.
Una concepción de que la reconciliación depende de la fiabilidad de las instituciones no se presta como sustituto de la justicia ni es probable que dé lugar a una desigual recarga de las víctimas. No cree en la idea de que la pizarra ha sido borrada totalmente pues específicamente hablando, esto no conduce al perdón.
La justicia transicional mide cómo éstas aumentan significativamente la voluntad de los ciudadanos a depositar su confianza en un proyecto político común y en las instituciones del Estado que han protegido sus derechos fundamentales. No importa si se habla demasiado de la justicia restaurativa, de reconciliación, de perdón, o de indultos; es necesario dar razones a los ciudadanos para confiar nuevamente. Sólo entonces podremos concebir adecuadamente la reconciliación.