En su 15º aniversario, reflexiones sobre el innovador informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala

26/2/2014

El 25 de febrero se cumple el decimoquinto aniversario de la presentación del informe final de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala (CEH), un informe que quizás haya pasado más bien desapercibido, pero que fue en realidad muy innovador e influyente para las comisiones de la verdad creadas posteriormente, sobre todo en América Latina.

Para reflexionar sobre el legado del informe hemos conversado con Marcie Mersky, quien además de ser la directora de programas del ICTJ fue la coordinadora del informe final de la CEH, y Eduardo González, director del programa de Verdad y Memoria del ICTJ, quien previamente formó parte del equipo de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación del Perú (CVR).

En esta conversación, Mersky y González ponen de relieve los principales aspectos que hacen de la comisión guatemalteca un referente para aquellos que estudian o se están planteando crear comisiones de la verdad: la importancia de develar las causas profundas de las violaciones y establecer responsabilidades institucionales, la necesidad de conceder flexibilidad a las comisiones a la hora de investigar, y el papel clave que juega la elección de los comisionados para asegurar el éxito de una comisión.

Escuche la conversación:

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La comisión guatemalteca estuvo en marcha durante un periodo de tiempo bastante limitado, un año y medio -entre 1997 y 1999- pero en cambio tenía como objetivo esclarecer la verdad sobre un periodo de tiempo muy amplio, el conflicto armado que asoló Guatemala durante más de 30 años, entre 1962 y 1996, dejando cerca de 200.000 muertos. Aun así, la comisión fue capaz de recoger más de 7.300 testimonios, se desplazó a las comunidades más recónditas del país y publicó un informe que, sin nombrar directamente a ningún autor de los crímenes, fue capaz de establecer las causas reales del conflicto, analizando los factores políticos, sociales y económicos que llevaron al enfrentamiento.

Para Marcie Mersky, no poder nombrar a los perpetradores no se convirtió en un obstáculo, como podía esperarse, sino todo lo contrario: “Nos encontrábamos ante una situación de larga negación sobre los hechos mismos por parte del Estado. El simple esclarecer, comprobar que los hechos habían ocurrido, era ya un gran aporte”. Aunque este tipo de verdad más bien histórica no sea probablemente la que satisfaga a las víctimas, más preocupadas por saber qué les ocurrió a sus seres queridos, “sí es una oportunidad para que la sociedad siente las bases para las reformas políticas e institucionales profundas que necesitaban”, explica Mersky.

La directora de programas del ICTJ destaca que la CEH fue especialmente innovadora: “fue la primera que decide adentrarse en las causas estructurales del conflicto, que condenaban más profundamente que la condena de un hecho aislado. El racismo, la exclusión, la diferencia de clases, todo esto conmovió a la sociedad porque había sido una discusión silenciada”.

Otro aspecto innovador del informe guatemalteco fue la “atención a lo local”, destaca Eduardo González. En lugar de hacer historia general del conflicto a escala nacional, se hicieron reconstrucciones a nivel local y regional. También en relación a este aspecto destaca González el uso de “casos emblemáticos”, que juegan un papel clave en el informe guatemalteco y han sido un referente para otros mecanismos de la verdad, como la CVR peruana o el Centro Nacional de Memoria Histórica colombiano.


Este podcast también fue grabado en inglés, con algunas variaciones en el contendido. Puede escucharlo aquí.

FOTO: Otilia Lux de Coti, comisionada de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de Guatemala, contempla 590 cruces de madera en la capilla de una iglesia en Nebaj, unos 200 kilómetros al norte de la Ciudad de Guatemala, en enero de 1998. (Scott Sady/AP Photo).