Bacrim: trampa conceptual (2)

17/4/2011

Los grupos armados organizados que todos están llamando bacrim no tienen una estructura jerárquica clásica ni todos comparten orígenes ni formas estructurantes comunes. Además, una de sus cualidades más prominentes es su naturaleza voluble y su necesidad de evolucionar. Las bacrim no son un "enemigo" uniforme y no deben ser tratadas como tal.

Esta es otra razón para no agruparlas a todas en el mismo saco. Se trata de fenómenos organizacionales con distintas lógicas y diferente grado de maduración. La generalización de sus características y la extensión de diagnósticos de un grupo a otro pueden llevar a cometer errores que limiten la efectividad del Estado en su lucha contra estas organizaciones.

Ilustro el punto con un ejemplo concreto. La organización de Los Rastrojos es distinta a la de Los Paisas y sus orígenes diversos condicionan su evolución y su relación con realidades locales, y con agentes privados y públicos.

Los Rastrojos existen como organización desde hace dos décadas con presuntos vínculos históricos con la Policía y con una estructura armada que ha controlado territorios extensos. Los Rastrojos fueron descritos por la Vicepresidencia, en una publicación de 2006, como una organización que desde los noventa tuvo "cierta habilidad en el control de las montañas del Cañón de Garrapatas y un dispositivo que le permitía tener cierta movilidad".

En cambio, Los Paisas son una expresión criminal que se manifiesta después de la desmovilización, haciendo explícito el poder de la criminalidad organizada de Medellín en relación con los grupos paramilitares, como por ejemplo, el Bloque Héroes de Tolová. La aproximación actual a Los Paisas tendría que partir de la dinámica urbana del Valle de Aburrá y de su capacidad expansiva a través de la generación de redes flexibles que les facilitan el control de mercados en otras zonas del país.

A diferencia de estructuras regulares, el arreglo jerárquico de los grupos armados organizados no tiene por qué ser rígido. La innovación táctica, la fluidez de su estructura y la capacidad de involucrarse en dinámicas locales son factores que los distinguirán de otros grupos y representarán su ventaja en distintos escenarios y campos económicos (generalmente ilícitos).

El tipo de jerarquía que los distintos grupos armados despliegan hoy en el territorio nacional no es estático. De acuerdo a las necesidades y tipo de operación, un mismo grupo puede implementar un modelo rígido de jerarquía o pasar, transitoriamente, a hacer parte de una red basada en alianzas volubles.

De igual forma en el plano espacial, el grupo puede asumir distintas formas. A manera de ejemplo, en el nivel local, la estructura puede organizarse en torno a un jefe único; en el plano regional, puede establecerse un mando asociativo o un caudillaje compuesto; y en el plano nacional, se puede apelar a la figura de un núcleo cohesionado de líderes representativos. Las posibilidades son amplias y su definición responde a necesidades operativas y metas estratégicas del grupo.

La organización jerárquica de cada grupo armado permite esquemas de coordinación suficientemente claros pero flexibles para dirigir su implantación en las dinámicas locales y, a su vez, asegurar la conducción de todas las actividades para satisfacer metas y labores delegadas, incluyendo, reclutamiento y entrenamiento de tropa, control de un mercado específico, control poblacional, actividades de combate, realización de asesinatos, extracción de información, y apoyo a actividades políticas. Su éxito dependerá, en parte, del nivel de mutabilidad y adaptación que desarrollen como estructuras.

La fluidez de la estructura de estos grupos armados los convierte en una amenaza de difícil previsibilidad. Después de la desmovilización paramilitar, los grupos demostraron su inmensa capacidad para ajustar los métodos de supervisión, comando, operación, despliegue y uso de la fuerza en variados escenarios. Es un error seguir persiguiéndolos como si fueran estructuras jerárquicas rígidas y piramidales, con cabezas que pueden ser anuladas para acabar con la organización.

Michael Reed Hurtado

Director del Centro Internacional para la Justicia Transicional en Colombia

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