Bacrim: trampa conceptual (3)

1/5/2011

Se dice que las Bacrim son un fenómeno nuevo porque están dedicadas al narcotráfico. Se trata de hacer una diferenciación entre los grupos armados organizados de hoy y los paramilitares de ayer, porque los de ahora están orientados al "business". El argumento es falaz. Desconoce los vínculos históricos del paramilitarismo con el narcotráfico y el apogeo del negocio ilícito en el momento de la desmovilización.

Una gran parte de la actividad de los grupos armados organizados concentra sus esfuerzos en retener y, en algunos casos, ampliar el control que tenían antes de la supuesta desmovilización.

Desde sus orígenes, el paramilitarismo colombiano mezcló propósitos contrainsurgentes con intereses económicos. Su relación encubierta y cómplice con algunos agentes estatales ha girado en torno a intereses privados -no siempre ha estado en funci&;oacute;n de fines contrainsurgentes. En casos concretos pueden evidenciarse contradicciones y superposiciones entre las razones y los intereses del paramilitarismo y las de sus auspiciadores. Estas discordancias son inherentes a la naturaleza ilícita de estos grupos y no anulan sus motivaciones políticas.

Durante muchos años, los paramilitares proporcionaron la seguridad en áreas de cultivo de coca y amapola y determinaron las condiciones de las transacciones en zonas de bonanza económica, incluyendo el establecimiento del precio de compra de la pasta de coca. Esta labor fue evidente en la región del Magdalena Medio, y en los departamentos de Nariño, Córdoba y Putumayo. Las ceremonias de desarme de las denominadas AUC no modificaron la exigencia de seguridad en esas zonas. La desmovilización no marcó un corte con la dinámica en estos mercados de violencia. Al día después de las ceremonias de desmovilización en Nariño y Córdoba, sólo por poner un par de ejemplos, los mismos seguían en las mismas: cuidando el negocio.

Varios grupos armados organizados se concentran en el suroriente del país en donde se expande la siembra de coca, su cristalización y comercialización hacia Venezuela. En esta región, se detecta la actividad de múltiples grupos que existían antes de la desmovilización -no son nuevos. A manera de ejemplo, pueden señalarse el ERPAC en partes de Meta y Guaviare; o los Urabeños con influencia en Meta, Casanare y Vichada.

En el suroccidente del país, el panorama es igualmente apabullante. En los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca hay continuidad entre los de antes y los de ahora. Por ejemplo, la estructura que conocimos como Bloque Libertadores del Sur continuó operando, ajustándose a nuevas circunstancias, y exitosamente amplió su actuación a territorio caucano.

Como los de antes, los de hoy están dedicados a proporcionar seguridad en los mercados ilícitos. La prestación de la seguridad no sólo se manifiesta en el control de un espacio físico sino que se evidencia en espacios económicos, en los cuales el grupo armado organizado -a través del uso de la violencia- ofrece garantías y determina los costos de las transacciones y de los incumplimientos.

En los contextos de conflicto armado (no sólo en el colombiano), los grupos armados organizados son comúnmente utilizados para la protección de intereses económicos. Las reglas de la economía se transforman en las guerras y las transacciones económicas se desarrollan en "campos de violencia", en los que se establecen sistemas económicos basados en el uso de violencia. En estos contextos, la economía y el ejercicio coercitivo de la violencia se reproducen mutuamente y pueden conducir a situaciones de auto-estabilización de un orden o régimen definido por intereses económicos (sean lícitos o ilícitos).

Por estas razones, el ingrediente económico resulta crucial en la producción y reproducción de las estructuras armadas. Los grupos armados que hoy tienen presencia en las zonas de bonanza económica ilícita explotan su capital acumulado en el pasado y recurren a técnicas aprendidas a través de los años. Negar la continuidad de estas estructuras armadas es obstaculizar la comprensión de un fenómeno que crece y se consolida. El pasado da pistas, no las anulemos.

Michael Reed Hurtado

Director del Centro Internacional para la Justicia Transicional en Colombia

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