No debemos considerar a los ex niños soldado solamente víctimas

Con motivo del Día Universal del Niño, la directora del programa para la Infancia y la Juventud del ICTJ, Virginie Ladisch, escribe un artículo de opinión sobre la importancia de considerar a los ex niños soldado no solamente como víctimas pasivas. "Al dar por hecho que los niños son víctimas y pasar por alto las complejidades de su participación en conflictos armados perdemos la oportunidad de comprender el conjunto de factores que condujeron a su reclutamiento, lo cual a su vez obstaculiza la identificación de soluciones o de adecuadas garantías de no repetición", escribe Ladisch.

20/11/2013

FOTO: Dos jóvenes ex combatientes de los rebeldes maoístas cargan con sus pertenencias luego de una ceremonia de desmovilización en Rolpa, al oeste de Katmandú, en Nepal, febrero de 2010. (AP/Gemunu Amarasinghe)


Por Virginie Ladisch

En este Día Universal del Niño, demos otro paso hacia el cumplimiento del Artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño, que pide a los Estados que reconozcan el derecho de la infancia a participar en los procesos que le afectan. En la actualidad no se responde del todo a ese derecho en los programas de reinserción de ex niños soldado, lo cual los perjudica a ellos y a sus comunidades. Para poder crear realmente marcos de participación necesitamos superar la creencia dominante y dejar de ver a los ex niños soldado como víctimas pasivas.

Cuando no se va más allá de su identidad como víctimas, sin preguntarles por su complejo pasado y cómo imaginan su futuro (que se construirá tanto sobre sus experiencias negativas como sobre las positivas), se conciben programas que no responden del todo a sus intereses y necesidades.

Como declaró una joven de las FARC colombianas, desmovilizada a los 16 años, hablando de los programas de reinserción: “Muchos de nosotros tenemos experiencia en materia de supervivencia, sanidad y disciplina que hemos obtenido mientras pertenecíamos a grupos armados. Pero eso no se valora. Nos obligan a dejarla de lado, a borrarla, para crear un nuevo futuro que niega lo que fuimos y aprendimos. Nos inducen a aceptar una identidad que no es nuestra, a ser panaderos y zapateros…”.

Este enfoque no solo ignora el pasado de los niños soldado, sino que les niega la capacidad de influir en sus planes de futuro, arrojándolos a una determinada clase socioeconómica, y no tiene en cuenta uno de los factores esenciales que llevó a su reclutamiento: la pobreza o la falta de oportunidades económicas.

Sin el apoyo necesario, puede que para muchos ex niños soldado sea más fácil regresar a filas que luchar por labrarse un futuro mejor. Como ha señalado un joven desmovilizado de Colombia: “No hay espacios para reflexionar sobre nuestra historia; no hay proceso de duelo. Se centran en prepararnos para encajar en las normas sociales, sin entender por qué, en cierto momento, las dejamos atrás”.    
"Cuando no se va más allá de su identidad como víctimas, se conciben programas que no responden del todo a sus intereses y necesidades"

En Nepal, para algunas muchachas que tomaron las armas para unirse a los maoístas, la desmovilización ha sido un paso atrás respecto a la capacidad para decidir su propio futuro. El regreso ha supuesto enfrentarse a un posible matrimonio forzado o al trabajo esclavo. Si nos hacemos más preguntas sobre las razones que llevaron a los niños a tomar las armas y sobre sus preocupaciones de futuro obtendremos información que podrá hacer que las políticas aborden las causas fundamentales de su vulnerabilidad inicial.

Al fin y al cabo, los programas de reinserción y reparación para ex niños soldado pretenden ofrecer a esos niños y jóvenes el apoyo necesario para que sean miembros activos y comprometidos de una sociedad en paz. Lo ideal sería que, a través de esos programas, los ex niños soldado obtuvieran herramientas para tomar decisiones que contribuyeran a la paz, no a la violencia. La capacidad de tomar decisiones positivas y de demostrar una voluntad de acción moral son cosas que hay que alentar y fomentar en los niños, sobre todo si han sido soldados.

No obstante, según el discurso imperante en los programas de reinserción, los niños soldado son ante todo víctimas pasivas. Es una perspectiva que ha sido necesaria para conseguir la protección jurídica de ese colectivo. Sin embargo, desde los puntos de vista social y político, un enfoque que solo hable de víctimas impone a los ex niños soldado una camisa de fuerza hecha de inocencia que no les permite afrontar ni sus propios remordimientos ni a las comunidades el resentimiento que pueden albergar.

"No hay espacios para reflexionar sobre nuestra historia; no hay proceso de duelo", dice un joven colombiano desmovilizado
    Al vernos ante el daño potencial ocasionado por niños integrantes de grupos armados, solemos aspirar a aliviar su culpa apuntando a factores externos como la coacción o la falta de alternativas. Sin embargo, este enfoque, al recalcar su vulnerabilidad e impotencia, puede aislarlos, estigmatizarlos y, en última instancia, desanimarlos.

La superación de la dicotomía “víctima-victimario” debería conceder a los ex niños soldado un marco para hablar del sentimiento de culpa o remordimiento, situando esas experiencias dentro del contexto de la pobreza estructural, la guerra y la inseguridad.

En Colombia, por ejemplo, los en su día niños combatientes han mostrado su interés en apoyar iniciativas que ayuden a identificar emplazamientos de fosas comunes o que sirvan para impedir reclutamientos futuros. A un muchacho que trabajó con un grupo comunitario local se le proporcionó el marco en el que informar a una familia sobre el lugar en que fueron enterrados algunos de sus miembros. Según él, esto fue importante porque le permitió aliviar el dolor de la familia, pero también su propio dolor. Este es un ejemplo de un enfoque que reconoce el complejo abanico de identidades de los niños combatientes, posibilitando que reafirmen su capacidad de acción moral.

Al poner en marcha este enfoque, la Unidad de Víctimas de Colombia, que en la actualidad les exige labores comunitarias, podría conceder a los ex niños soldado la posibilidad de afrontar su responsabilidad moral mediante iniciativas concretas destinadas a reparar los daños causados en el pasado o evitar reclutamientos futuros, en lugar de exigirles que limpien un parque en una ciudad con la que no tuvieron relación alguna.

Al dar por hecho que los niños son víctimas y pasar por alto las complejidades de su participación en conflictos armados perdemos la oportunidad de comprender el conjunto de factores que condujeron a su reclutamiento, lo cual a su vez obstaculiza la identificación de soluciones o de adecuadas garantías de no repetición. Para empezar, los que trabajan por la reinserción de ex niños soldado necesitan preguntarles por sus experiencias, ofrecerles un marco en el que procesar sus sentimientos de culpa e identificar sus necesidades, además de posibles soluciones para su integración en una sociedad en paz.


Virginie Ladisch es la directora del programa para la Infancia y la Juventud del ICTJ.

Este artículo de opinión ha sido publicado previamente en Al Jazeera en inglés.

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