Eduardo González: a vueltas con la metáfora “Batallas por la memoria”

Vea la ponencia de Eduardo González (Parte 1)

El director del programa de Verdad y Memoria del ICTJ, Eduardo González, centró su ponencia alrededor de la metáfora que le daba título: “Batallas por la memoria”. González destacó que esta metáfora tiene factores interesantes, pero “diversas limitaciones. El potencial de la figura literaria es que “reconoce que hay diferencias entre la memoria individual y la memoria social o colectiva”. Las distintas narrativas disputan el discurso de la verdad hegemónico y por tanto es una visión que destaca que “la memoria tiene un sentido político muy profundo”.

El peligro de esta metáfora, especialmente en el caso de Colombia, es su tinte belicista. “Plantea un espacio de polarización”, explicó González, en el que hay vencedores y vencidos, y “eso genera el riesgo de reemplazar un totalitarismo por otro”.

González destacó entonces la necesidad de reconocer las diferencias sociales y los enfoques diferenciales en el proceso, como los de las comunidades indígenas o los de género. Aunque, según González, esto tiene también sus dificultades: “Tendemos a pensar en estrategias contrahegemónicas y querríamos que las voces invisivilizadas pudieran unirse, ser una sola”. Pero esa es, para el director del programa de Verdad y Memoria, “una ilusión muy ingenua y, en el peor de los casos, peligrosa”. Las versiones de los distintos sectores que han sufrido la violencia no coincidirán, habrá contradicciones sustantivas.

Eso no debe, sin embargo, llevarnos al “relativismo absoluto”, continuó González. “Es posible encontrar una consistencia en esas voces, pero no siempre va a ser en los hechos. No tiene que estar basada en el relato factual, sino que haya una consistencia ética en el proceso. Reconocer la validez de las experiencias de cada uno”. El relato debe conducir a recuperar la dignidad y los derechos humanos de las víctimas y a repudiar violencia.

González analizó también las relaciones entre verdad y memoria y una paz sostenible. Según el experto peruano, hacer ejercicios de memoria con víctimas promueve la paz de tres formas claras y diferenciables. En primer lugar, porque “se empodera a los sectores más marginados de la sociedad”, promoviendo su visibilización e inclusión. En segundo lugar, porque permiten el aislamiento de quienes sostienen versiones actualmente existentes que justifican la violencia, “deslegitimando ciertas mentiras y a ciertos sectores del poder que están vinculados a estas mentiras”. Y en tercer lugar porque conducen “a un buen diagnóstico de los problemas que han causado la violencia. No solo la descripción de hechos, sino la reconstrucción de patrones generales, y permiten informar sobre opciones de política”.

A pesar de establecer estas asunciones teóricas, González subrayó que es importante “no convertirse en ortodoxos”. El director del programa de Verdad y Memoria hizo un llamado a la creatividad, ya que “no es posible prever qué formas tomará un proceso de paz en un país”. Esto es especialmente notable en el caso de Colombia, donde el conflicto armado no ha terminado. “Creo que en Colombia ha hecho fortuna una visión sumamente ortodoxa de la justicia transicional, que plantea un gran momento histórico de absoluta transición, en que la verdad funciona como un parteaguas fundamental”. Mientras que, en el caso de Colombia, “es muy complicado supeditar los derechos de las víctimas a la situación política y económica”.

A modo de conclusión, González defendió la metáfora de los “trabajos de la memoria” en lugar de las “batallas”, ya que evoca “trabajo, conflicto pero no belicista, invita a la cooperación”. Batalla implica vencedores y vencidos, y, “en Colombia lo saben bien, no hay batalla limpia”.

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