Rubén Chababo: La memoria no puede olvidar el reclamo de justicia

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“Frente a la amenaza del olvido, el proyecto de erigir un sitio para el resguardo y transmisión de la historia reciente puede ser leído como una impostergable apuesta al futuro”, afirmó Rubén Chababo, director del Museo de la Memoria de Rosario, Argentina, al presentar sus reflexiones sobre el sentido de los museos y memoriales para afrontar el pasado de violencia.

“Los museos son el centro neurálgico de debates y tensiones que se proyectan a lo largo del tiempo y que cobran o pierden vigencia según coyunturas políticas y culturales específicas”, dijo al referirse a la dificultad de construir la verdad y la memoria sobre hechos que han dividido sociedades. Según él, en diferentes países, los museos de la memoria comparten desafíos comunes, como “la encarnizada resistencia presentada por diferentes grupos en cuyas comunidades estos museos están instalados, pero, fundamentalmente, los debates y polémicas generados en torno a las visiones y miradas que estas instituciones proyectan sobre el pasado que pretenden evocar”.

Recalcó que es imposible alcanzar un consenso absoluto en torno a los relatos de la verdad y la memoria, y que “esa tensión sostenida entre la aceptación y la disconformidad” acompañará la construcción de la memoria y la labor de los museos por muchos años.

En el caso argentino es más sencillo decir que la última dictadura fue una empresa llevada adelante por la casta militar, o por un grupo de fanáticos, omitiendo la compleja trama de complicidades, que aún hoy es difícil reconocer.

Además de estas tensiones alrededor de la verdad, en ocasiones surgen diferencias entre las versiones del pasado enunciadas por sobrevivientes y militantes y las que pueden proyectar académicos e historiadores.

**Diferentes visiones de la memoria**

Los museos y demás iniciativas de memoria pueden escoger diferentes visiones. Algunos escogen el camino de la visión martirológica, que es tranquilizador; otros, el camino que aspira a leer la trama de grises en la que se construyó el territorio del dolor. “Este último es un camino más arriesgado, menos concesivo con las visiones dicotómicas y también, por qué no decirlo, cercano muchas veces al desconsuelo”, afirma Chababo.

En esta medida, la memoria no puede ser construida por un solo sector, ni siquiera estar afincada solo en el protagonismo de los afectados, pues no debe descargar a la sociedad de sus propias responsabilidades por el pasado. “Delegar la memoria de los crímenes en la acción de las víctimas y sus representantes a menudo corre pareja con una competencia de victimización entre diversos grupos que cargan con sus propias heridas”.

Las versiones de la memoria y los guiones de los museos pueden variar incluso a lo largo del tiempo, cuando se ven obligados a negociar sus relatos según las coyunturas históricas. En necesario dejar la posibilidad de que otras versiones comiencen a tener cabida en sus guiones narrativos.

Chababo se refirió también a la importancia de la iniciativa estatal en la creación de lugares de memoria, pues “un Museo necesita fondos para financiarse, para construirse, para mantenerse a lo largo del tiempo”. Sin embargo, recordó el momento en el que se reclamaba la existencia de Museos y se exigía prescindir del Estado en ellos por temor a que su mirada rectora contaminara las visiones y las proyecciones históricas e interpretativas. “Gestionar Museos de memoria financiados por el Estado en lugares donde está vigente la impunidad de los crímenes que se evocan puede leerse no solo como contrasentido sino como obstáculo a la hora de pensar las dimensiones éticas del sentido de lo que se evoca”, dice.

Y es que hay una estrecha relación entre la memoria y la justicia, afirma Chababo. En el caso argentino –dice- buena parte de los espacios de memorialización más significativos, se gestaron y desarrollaron, de manera casi contemporánea, a la reapertura de los juicios contra los responsables de crímenes de Estado. Este dato no es menor, ni debiera ser pasado por alto.

“Las víctimas, como dicen las sentencias poéticas, necesitan ser recordadas, pero con eso no alcanza si de manera contemporánea no se persigue justicia o si las instituciones se alzan mientras no hay en el horizonte la posibilidad de imaginar procesos judiciales que devuelvan a la sociedad dañada algo de la confianza en que el crimen no ha quedará impune. No es que no se puedan crear espacios de memorialización sin justicia, lo que señalo es que es necesario que el proceso de memorialización no olvide nunca que el reclamo de justicia debe ser sostenido y acompañado”, concluye.