Vea la ponencia de Heeder Soto
Heeder Soto, de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP), fue el encargado de cerrar la jornada con su ponencia sobre espacios de memoria en el Perú.
ANFASEP fue el creador del museo de memoria “Para que no se repita” en Ayacucho, la región andina en la que empezó la violencia. Cerca de 70.000 personas fallecieron durante la guerra y más de 600.000 fueron desplazadas. El 75% de ellas eran campesinos.
Las iniciativas de memoria empezaron en los años noventa, y en la actualidad se cuentan 110 centros de memoria en el país (museos, lugares, memoriales). Pero también en estos espacios de recuerdo y reflexión ha habido enfrentamientos. “La memoria no está muerta, está viva y siempre hay pugnas, batallas por la memoria”, dijo Soto.
Soto puso como ejemplo uno de los espacios de la memoria más emblemáticos del país: el Ojo que Llora, en Lima. Tras ser inaugurado en 2005, la escultura ha sufrido varios ataques tras el paso de los años por parte de los defensores del régimen de Fujimori. “En este sitio se producen los ataques porque es más palpable y muy emblemático para los derechos humanos”, explicó Soto.
El peruano citó en diversas ocasiones la metáfora de las “batallas de la memoria” y usó el Santuario de la Memoria de Los Cabitos para ilustrarla. En 1983, el Estado convirtió Ayacucho en zona de emergencia y cedió el control político y militar a las Fuerzas Armadas. Los Cabitos era el cuartel del Ejército, y durante esos años se cometieron allí torturas y asesinatos. Los cuerpos eran enterrados en fosas comunes cerca del recinto, y unos años después, por miedo a ser descubiertos, los militares construyeron un horno y empezaron a exhumar los cuerpos para hacer desaparecer sus restos. “Todavía hay huesos pegados a las piedras”, contó Soto.
Diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos luchan ahora para conseguir que el antiguo cuartel sea convertido en un santuario de la memoria; pero la batalla sigue, ya que ni siquiera se sabe con claridad a quién pertenece la instalación actualmente.
Otra iniciativa en disputa es el Lugar de la Memoria, que debería convertirse en el centro que aglutinara todas las memorias del Perú. Para Soto, resulta casi imposible reconciliar verdades tan encontradas como la de los militares, la de los miembros de Sendero Luminoso, la de los paramilitares, la de los seguidores de Fujimori y la de las víctimas de la violencia política.
Finalmente, Soto hizo hincapié en el problema de la elitización de la memorialización que está ocurriendo actualmente en el Perú. La memoria es gestionada principalmente por las ONGs, mientras que las víctimas “solo se interesan como testimonios”, según Soto.
Las víctimas, añadió, no reciben un trato apropiado, no son tratadas como ciudadanos, sino como seres indefensos que no pueden hacer nada, lo que las revictimiza.
“A veces no es tan bueno sacar la memoria,” reflexinó Soto, “porque puede servir de forma negativa. Es necesario tener la memoria, pero no es la única verdad. Hay muchas verdades y hay que escucharlas todas".