Togo votó en las elecciones municipales en medio de informes de apatía electoral, tras las protestas mortíferas del mes pasado. Los colegios electorales en Lomé, la capital de Togo, estaban prácticamente desiertos el jueves. La baja participación se produjo tras las protestas de junio contra las reformas constitucionales que podrían mantener al líder Fauré Gnassingbé en el poder indefinidamente.
Grupos de derechos humanos culparon a la policía de la muerte de siete manifestantes en las protestas, cuyos cuerpos fueron rescatados de los ríos de la capital por activistas. "La gente tiene miedo de ser atacada por los manifestantes por legitimar estas elecciones, o de ser dispersada por las fuerzas de seguridad", declaró Edem Adjaklo, votante del barrio de Gakli, a la agencia de noticias The Associated Press.
Según informes, la sensación de malestar en Lomé se vio agravada por la fuerte presencia policial y militar en las principales intersecciones. A pesar de la convocatoria de manifestaciones contra Gnassingbé, las calles de la capital costera permanecieron tranquilas el jueves.
Las reformas constitucionales, aprobadas por un parlamento dominado por el partido de Gnassingbé, Unión para la República (UNIR), sustituyeron el sistema presidencial por uno parlamentario. Con estas reformas, Gnassingbé prestó juramento hace dos meses como presidente del Consejo de Ministros —en realidad, como primer ministro—, un cargo sin límite de mandato oficial, lo que le permitiría ser reelegido indefinidamente.