Un médico sirio ha sido condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos en su país natal, incluyendo asesinato y tortura, por un tribunal alemán. Alaa Mousa, de 40 años, trabajó como médico residente en un hospital militar y una prisión de inteligencia militar en Homs y Damasco, Siria, entre 2011 y 2012, durante la primera fase de la guerra civil.
Abusó de prisioneros acusados de ser miembros de la oposición y considerados enemigos del dictador sirio Bashar al-Assad, quienes habían participado en las revueltas contra el régimen durante la Primavera Árabe. Fue condenado por el tribunal de Frankfurt por dos muertes y ocho casos de tortura severa. El tribunal impuso la pena más alta posible al hombre, partidario de Asad, cuyos crímenes —incluidos crímenes de guerra, tortura y asesinato—, según el juez Christoph Koller, habían "causado lesiones graves a nueve personas, tanto físicas como mentales, y matado a dos".
Los testigos llamados a declarar durante el juicio, que duró casi tres años y medio, describieron, a veces con gran detalle, los graves abusos que habían sufrido a manos de Mousa. Koller aplaudió a los más de 50 testigos que, según él, tuvieron la valentía de compartir con el tribunal las descripciones de su sufrimiento, a veces durante varios días. Afirmó que sin ellos, el caso no habría podido prosperar. Durante su resumen, la fiscal general Anna Zabeck destacó ante el tribunal el mes pasado las difíciles circunstancias en las que habían testificado los testigos. Tanto ellos como sus familiares residentes en Siria fueron amenazados e intimidados repetidamente para impedirles comparecer en el juicio, afirmó.