Aquí vamos de nuevo: ¿cesará algún día la violencia racista en los Estados Unidos?

Executive Director

16/6/2020

Esta es la traducción del comunicado realizado por el director del ICTJ, Fernando Travesí, el 5 de junio de 2020. 

Sucedió otra vez. El nombre de George Floyd se sumó a la trágica y larga lista de personas de color que han muerto como resultado directo de la larga historia de racismo y supremacía blanca en los Estados Unidos. Expresamos nuestra solidaridad con su familia y con los familiares de todas las otras víctimas de violencia racial, incluyendo más recientemente a Breonna Taylor, Ahmaud Arbery, Tony McDade, Steven Taylor, Nicolas Chavez, Michael Brown, Eric Garner, Philando Castile, Sandra Bland, Trayvon Martin, Tamir Rice, Jordan Davis y Atatiana Jefferson.

En el ICTJ estamos indignados por otro asesinato cruel y sin sentido de un hombre negro que estaba desarmado, cometido por la policía, esta vez en Minneapolis, Minnesota. Mientras intentamos procesar este horrible acto y hacer el duelo por la pérdida trágica de otra vida humana, debemos lidiar también con la dura realidad de que, francamente, no es una sorpresa que esta lista de nombres siga creciendo. ¿Cómo podemos sorprendernos por otro asesinato racialmente motivado cuando no ha habido cambios significativos en las prácticas policiales en años recientes, a pesar del creciente y reiterado número de asesinatos similares? Protestas multitudinarias han tomados las calles de los Estados Unidos y otras ciudades del mundo clamando “sin justicia, no hay paz”. Si no hay cambios después del asesinato de George, habrá más muertes. Si eso ocurre, todos seremos cómplices.

El ICTJ trabaja alrededor del mundo con las víctimas, para enfrentar las causas subyacentes de los conflictos y de las violaciones masivas y sistemáticas de los derechos humanos, con el fin de cerrar los ciclos de violencia de forma definitiva. Ante la falta de rendición de cuentas y de resolución de actos históricos de injusticia, la violencia se repite e inevitablemente genera mas violencia.

Nuestra experiencia nos indica que los reclamos de justicia que se escuchan a través de los Estados Unidos demandan mucho más que responsabilidad penal, aunque esta es una parte integral de la respuesta necesaria. Justicia implica escuchar las voces y las exigencias de las víctimas, y desmantelar las inequidades y la discriminación estructurales que posibilitaron que las violaciones ocurriesen. Para obtener justicia es necesario llevar a cabo las reformas necesarias de las instituciones estatales que perpetúan y refuerzan la discriminación a diario, como el sistema judicial, las fuerzas del orden público, las prisiones y los sistemas de educación y de salud.

Para obtener justicia, es necesario que la sociedad reconozca y asuma su legado de abusos del pasado. En EEUU, esto significa reconocer todas las formas en las cuales la opresión, el racismo y la discriminación han persistido durante siglos. También incluye establecer reparaciones por daños a comunidades de color, las cuales han estado luchando sin tregua contra profundas inequidades que están arraigadas en la sociedad y las instituciones desde que se fundó el país. Uno de los elementos más difíciles para la obtención de justicia es una necesaria y profunda transformación cultural. El Estado debe reconocer los errores del pasado, mientras la sociedad sea parte en un diálogo sobre ellos, y ambos tomen pasos concretos hacia un futuro en el que se respeten los derechos humanos de todas las personas de manera igualitaria. En EEUU, esta concepción amplia de justicia es la única manera de poner punto final a la larga lista de víctimas.

En un momento en el que EEUU y otros países están mirando hacia adentro, es crucial que todos aquellos que nos comprometemos con los derechos humanos hagamos exactamente lo contrario. Debemos observar a todos los países que han emprendido esfuerzos para encarar sus legados resultado de conflictos, atrocidades, injusticias y represión, para aprender de su experiencia. Países tan distintos como Alemania, Chile, Argentina, Sudáfrica, Camboya, Sierra Leona, Túnez, Colombia, Gambia y Armenia han llegado mucho más lejos que los Estados Unidos en la búsqueda de justicia por abusos históricos. Considerando la enorme capacidad institucional y el capital social de este país, no hay excusa legítima o razón alguna para no enfrentar apropiadamente el legado de violencia sistemática, cuando tantos otros han logrado hacerlo o por lo menos lo han intentado hacer. Justamente, por la lentitud y la reticencia con la que ha lidiado con su pasado racista, es que este país se beneficiaría de las duras lecciones aprendidas en otros contextos. Irónicamente, el gobierno de EEUU ha apoyado los procesos de justicia transicional en otros países, sin avanzar esa ruta ellos mismos.

Después de lo que ha pasado estas dos últimas semanas, no hay excusa para que los EEUU no se embarque en un camino de justicia transicional. Aunque falta la voluntad política en el Capitolio y en la Casa Blanca, sobra en las calles y en instituciones públicas, culturales y religiosas. Si los estadounidenses no toman en cuenta los llamados de justicia, seguramente el país pronto se encontrará en esta misma posición: llorando la muerte de otra persona negra a causa de la brutalidad policial o la violencia racial, con una realidad de descontento social que se enfrenta a un tejido social debilitado por los profundos reclamos que, sin resolverse, volverán a salir a la superficie. Está en las manos de los estadounidenses y en las de todos nosotros, el avanzar hacia un sistema de justicia integral que incluya la exigencia de responsabilidades penales, reformas institucionales, reparaciones y asumir los abusos del pasado y las injusticias históricas, para prevenir que estos se repitan. ¿Daremos la talla?


FOTO: Manifestantes se reúnen en Cup Foods, el local frente al cual George Floyd fue asesinado el 26 de mayo de 2020. (Lorie Shaull)