La Generación Z de África desafía el status quo

02/12/2025

Todo comenzó con una tragedia en Marruecos en agosto de este año, en la cual ocho mujeres murieron al dar a luz en el Hospital Hassan II de Agadir. La noticia conmocionó al país, consolidando la indignación nacional por el deterioro de los servicios públicos, las fallas sistémicas del sistema de salud, el alto desempleo, la corrupción y la percepción de que los recursos públicos sirven a las élites en lugar de a los ciudadanos comunes. Años de frustración se trasformaron en un estallido en las calles cuando miles de marroquíes, en su mayoría jóvenes, se congregaron en ciudades y pueblos de todo el país para exigir mejor atención médica, educación y oportunidades. Sin embargo, sus peticiones reflejan un llamado más profundo a la rendición de cuentas y la reforma institucional.

Detrás de las recientes protestas masivas en Marruecos se encontraba el colectivo en línea GenZ212. Este colectivo, que trabaja de forma horizontal y sin líderes, nació en la plataforma de mensajería instantánea Discord, moldeado por la cultura digital y las redes sociales. GenZ212 movilizó y coordinó con éxito a miles de personas para que salieran a las calles.

La respuesta del gobierno osciló entre el control y el compromiso. Por un lado, las autoridades respondieron a las protestas con represión, violencia policial y la detención de miles de personas. Los procesos judiciales que siguieron fueron criticados por organizaciones de derechos humanos por presuntamente violar las normas de un juicio justo y dictar sentencias excesivamente severas. Por otro lado, el gobierno anunció reformas significativas y se comprometió a asignar 15.000 millones de dólares adicionales a salud y educación y a crear 27.000 empleos en el sector público.

Lo ocurrido en Marruecos no es un caso aislado. En los últimos meses, los movimientos de protesta liderados por la Generación Z se han extendido por todo el continente y el mundo. Muchos de estos movimientos adoptaron la bandera pirata (Jolly Roger), popularizada por el manga japonés "One Piece", como símbolo de resistencia a la injusticia, la desigualdad, la exclusión y la corrupción. A pesar de los diferentes entornos sociopolíticos, los mensajes centrales de estos movimientos juveniles son sorprendentemente similares: transparencia, equidad y dignidad. Señalan una ruptura con sistemas percibidos como corruptos e insensibles, y expresan un llamado a la justicia en contextos donde las instituciones no satisfacen las necesidades básicas.

En Madagascar, las protestas comenzaron por la escasez de agua y electricidad y terminaron con la caída del presidente Rajoelina, cuando el ejército se alió con los manifestantes. En Kenia, las protestas contra la subida de impuestos y la brutalidad policial tuvieron resultados mortales, pero también obligaron al gobierno a suspender sus planes y a entablar un diálogo. Este es un ejemplo imperfecto, pero revelador, de que escuchar puede prevenir la escalada de la violencia.

Estos movimientos de protesta no son accidentales. Expresan las demandas de las generaciones más jóvenes de participar en los procesos de toma de decisiones y de que las políticas estén al servicio del pueblo. En algunoscasos, los compromisos resultantes plantean una pregunta crucial: ¿están los jóvenes realmente moldeando la agenda, o las élites gobernantes simplemente intentan calmar las protestas? Para Marruecos, y para África en general, la respuesta determinará si estos movimientos se convierten en catalizadores de la renovación democrática o en precursores de una mayor inestabilidad.

En su mayoría, estos movimientos también tienen sus raíces en legados no resueltos de conflicto o represión y graves violaciones de derechos humanos. En Marruecos, el gobierno estableció la Comisión de Equidad y Reconciliación en 2004 para abordar los abusos del pasado, principalmente relacionados con la violencia estatal y la exclusión social y económica. Si bien la comisión representó un paso importante hacia la verdad y la justicia, sus recomendaciones no se implementaron plenamente, y las desigualdades estructurales del país permanecieron en gran medida sin abordar. Estas heridas abiertas continúan alimentando la frustración pública, y los jóvenes han heredado problemas que no crearon.

Al integrar los derechos y las reformas sociales y económicas, los mecanismos de justicia transicional pueden ofrecer soluciones materiales a las desigualdades estructurales y sentar las bases para la transformación social. Cuando se ignoran estas dinámicas subyacentes, se corre el riesgo de perpetuar la inestabilidad y profundizar la desconexión entre la ciudadanía y las instituciones.

Este contagio entre los jóvenes está en marcha. Después de Marruecos, Madagascar y Kenia, estos movimientos de protesta liderados por la Generación Z seguirán extendiéndose, especialmente en lugares donde los jóvenes heredan conflictos que no crearon, la impunidad es la norma y las disparidades económicas se han acentuado. La verdadera pregunta ahora no es si los jóvenes se alzarán, sino si sus voces serán escuchadas y cómo los Estados decidirán responder. Los jóvenes de todo el mundo se niegan a seguir siendo meros espectadores de la sociedad. No solo exigen justicia por el pasado, sino que también buscan construir un futuro más justo y equitativo, y parece que están dispuestos a hacerlo ellos mismos si es necesario.

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FOTO: Jóvenes se manifiestan en la capital marroquí, Rabat, el 9 de octubre de 2025. (Mounir Neddi/Wikimedia Commons)